2017 ha sido un año extraño. Podríamos calificarlo como un año de transición y consolidación en muchos aspectos, y es por eso que este año sí toca resumen o, más bien, reflexión para cerrarlo. Si la industria musical siempre ha sido muy cambiante, en estos últimos tiempos estamos viendo como cada vez más devora la música a pasos agigantados, dejando cadáveres a su paso en forma de artistas “one-hit-wonder” aún en más cantidad que en la historia reciente de la música, haciendo que el sonido latino y la música en español se apodere de todas las listas habidas y por haber, y, en el ámbito que más cercano nos queda, desterrando a la electrónica de ese trono ficticio, logrado en gran parte a la burbuja del sector más comercial de la misma. En 2017 ha terminado de explotar, aunque no de la forma tan negativa como la connotación de la propia expresión siempre suele darnos.

Hace pocos días leí una crónica en un medio internacional, la cual catalogaba la última década como la mejor para la música electrónica de baile y no pude estar más de acuerdo con ello: puede que en cuanto a contenido se refiere, no sea la más brillante, aunque en los últimos diez años hemos visto nacer proyectos musicales que pasarán a la historia de la electrónica. El argumento radica en la entrada -por fin- de la música electrónica en la cultura popular. El tener música electrónica en radios y medios generalistas de forma habitual, aunque sea en su vertiente más mainstream, abre unas puertas que quizá en unos cinco/diez años nos permiten gozar de una gran variedad de música electrónica en todos los ámbitos de la sociedad. Dejar de ser esa música que durante  tiempo ha estado medio apartada por un gran sector ya no solo en lo social sino también en lo político o cultural. Compartir espacio con el Pop, el Indie o el Rock y exponer lo mejor de cada casa al mundo. Eso es algo que hasta ahora solo habían logrado unos pocos y, con esta entrada, casi tirando las puertas abajo sin miramiento alguno en los últimos tres años, un mundo de posibilidades se abre de ahora en adelante. Ahora empieza lo bueno. O al menos, debería.

Esa es la parte positiva de la película, porque siempre hay parte positiva y negativa. Y la negativa es esa transición y posterior consolidación. Y es la que me asusta de cara al 2018. El sector mainstream de la electrónica está masivamente saturado, y el undergroundque no el Techno, ojo, el underground entendido como el que no encontramos en grandes listas de éxitos, no sale en los anuncios de TV o colabora con las grandes estrellas del Pop- por su parte y como es habitual, está ofreciendo las propuestas más interesantes y dando a luz a los proyectos más esperanzadores. Por su parte, el Techno, House y derivados ya están haciendo una gran labor de reciclaje, abriendo nuevos espacios a sonidos refrescantes y artistas nuevos que están rejuveneciendo una escena que venia pidiendo a gritos una renovación en los últimos años, algo que precisamente está costando más ver en el otro lado.

La esperanza reside en los propios reyes de la nueva electrónica mainstream, quienes, por suerte, son dueños de algunos de los sellos discográficos más importantes de la industria electrónica, y eso tiene que servir como herramienta para crear un nexo de unión entre la electrónica mainstream enfocada puramente hacia las masas y la escena real que vive por y para ese público que día a día consume principalmente música electrónica y puede ser considerado parte de dicha industria. Un gran ejemplo de ello son Skrillex, Steve Aoki, Diplo o Axwell, desde su proyecto con Sebastian Ingrosso. El ejemplo que más me sirve en este caso es el de Axwell, y no por afinidad musical sino porque creo que está logrando el equilibrio necesario entre las dos partes del juego, y lo está haciendo desde su label Axtone y con el gran trabajo que se está dedicando a artistas como D.O.D, Will K, Klahr o Shapov, entre algunos otros. Esto debe repetirse en el caso de los demás artistas nombrados anteriormente, pero considero que a mayor escala, algo que aún no estamos viendo.

Ellos han entrado en la cultura popular con la electrónica bajo el brazo y han logrado consolidarse en ella con sucedáneos de la misma, adaptándola en gran parte a lo que la industria del Pop ha estado exigiendo en cada momento, ya sea por sonido en el resultado final de sus producciones, por colaboraciones con los artistas del género más trendy del momento o diversos aspectos más. Cabe la posibilidad de que ese nexo de unión se cree de una forma correcta y la electrónica como tal y en todos sus ámbitos, salga beneficiada, aunque también puede ocurrir lo contrario y, poco a poco, ir viendo como la burbuja se desinfla de verdad y volvemos a lo que teníamos antes del llamado Boom del EDM hace aproximadamente entre unos ocho y diez años atrás en cuanto a repercusión y presencia en la escena musical global se refiere, aunque es una posibilidad bastante remota.

En el resto de escenas europeas esto ya se tiene más que asumido entre los protagonistas de cada una de ellas, y empezamos a ver mucho movimiento de club y de artistas menos mainstream que anuncian fechas con más frecuencia ya no solo en clubs europeos, sino también en Latino América y en el nuevo y más grande mercado emergente: el asiático. Esta es una de las revoluciones que muy probablemente tendrán lugar en 2018, la de la escena de club a nivel “mainstream: los festivales deben seguir ahí, pues generan beneficios muy positivos para la industria pero únicamente durante los tres meses de verano en un 90% de los casos, algo que hace insostenible mantener lo que se ha ido construyendo en los últimos años. La electrónica actual necesita del club para asentar todo el vertiginoso crecimiento experimentado desde ese Boom del EDM y, enfocando ya más hacia España, tema a tratar en las últimas lineas de este post, sin duda es uno de los lugares que más lo necesita.

En nuestro país, encontrar algo de oferta en cuanto a clubs se refiere de forma constante es muy complicado lejos de géneros como el Techno y sus derivados, o el caso del Bass en Andalucía, pero por suerte en los últimos tiempos han empezado a asentarse proyectos como el de Bullshit en la sala Fever de Bilbao, el más veterano y afianzado hasta el momento, Groove Street en Valencia con sus fiestas Veneno, Madcity en la capital, programando a algunos de los artistas mainstream más cotizados, algo más que necesario para la industria, te gusten más o menos dichos artistas, las fiestas del colectivo Dope Sqvad, también en Madrid, un colectivo como SUPRMODE, recién nacido y con proyección como label y organizando ya en 2017 sus primeros eventos en clubs o nuestro propio proyecto Arcadia Night en Goya Social Club de la mano de Jose de Mara y Arcadia Records, su sello discográfico que, por cierto, vuelve  a la actividad en 2018. Algo que ya está empezando a ocurrir y a sentar bases en Europa, debe hacerlo también en España. Si queremos una escena continua, en la que poder disfrutar de la música electrónica que nos gusta durante todo el año y no solo en los festivales veraniegos, el papel de los clubs es fundamental: están activos los 365 días del año y ofrecen una experiencia diferente y mucho más cercana y cálida con el artista, creando un vinculo más familiar con todo lo que rodea al evento en cuestión.

Si a día de hoy me preguntan hacia donde se dirige la electrónica o qué géneros van a reinar y ponerse de moda en 2018, diría que ninguno. Creo que ahora mismo no hay dirección exacta: quienes se están dedicando a explotar el sucedáneo de Future Bass al más puro estilo Spotify -sonido que está plagando las listas de medio mundo- lo seguirán haciendo hasta que deje de ser algo útil y beneficioso para ellos y deberán escoger qué vía tomar, mientras que los artistas que llevan tiempos enfocados en volver a producir la electrónica que les apetece y llena, y no la que un sello discográfico les exige, serán capaces de crear grandes comunidades –como es el caso de D.O.D con su propio estilo Future Jack– y establecerse en una buena posición sin necesidad de seguir modas o sonidos y géneros sobreexplotados. Quizá nos dirigimos hacia una industria en la que una buena parte de ella simplemente opte por volver a la originalidad, a los estilos propios, a darle importancia a los trabajos de calidad independientemente de tu nombre y un gran número de inputs positivos.


Muchísimas gracias a todos por uno de los años más movidos y exigentes desde el nacimiento de este proyecto. El 2018 irá en la misma linea: más Arcadia Nights, más proyectos fuera de la zona de confort y mucho más contenido que de verdad os aporte algo a vosotros como consumidores y a la escena en si misma.

Charly

Charly

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  • Laura Dueñas Lopez

    Gran reflexión de este 2017 pasado. 😄Espero que todo esto se calme y se vuelva a valorar la música y artistas, por su calidad y no por su popularidad.

    Espero que este 2018 sea un buen año para la electrónica. 😉💕